Las controversias en la Alemania nazi sobre la utilidad del radar

26Recojo aquí un extracto del contenido del Capítulo 2 de mi libro «El Radar en la historia del siglo XX. Una de las armas decisivas de la Segunda Guerra Mundial«.

Una de las muchas singularidades de la Alemania nazi es que su máximo dirigente, Hitler, estaba totalmente desinteresado por las nuevas tecnologías, más allá de su afición por los vehículos deportivos. Sus horizontes técnicos finalizaban en la Primera Guerra Mundial, algo similar a lo que le pasaba al jefe de la Luftwaffe, H. Göring. Tanto Hitler como Göring eran unos auténticos analfabetos científicos, con lo que cualquier razonamiento de naturaleza técnica era despreciado por ambos dirigentes nazis. Por el contrario, el ministro de armamentos a partir de comienzos de 1942, Albert Speer, fue capaz de entender la importancia de la tecnología del radar en la segunda parte de la guerra.

Tres de los protagonistas indirectos de la suerte del radar alemán durante la guerra: de izquierda a derecha Albert Speer, en el centro el Mariscal Erhard Milch (Inspector general del Aire) y a la derecha, el Prof. Willy Messerschmitt, el famoso fabricante de aviones

 

1. El comienzo de la guerra

Al estallar la guerra, la investigación de cualquier nueva arma se vio seriamente restringida por un decreto de Adolf Hitler, que prohibía todos los proyectos que no condujeran a resultados tangibles en un plazo superior a un año. Esto afectó negativamente el desarrollo de equipos radar de ondas centimétricas, antenas de banda ancha y equipos de navegación.  Esto fue radicalmente diferente en Gran Bretaña, donde Churchill siempre estaba predispuesto a recibir información acerca de las nuevas herramientas de guerra que la ciencia ponía al servicio del ejército británico, como refleja el conocido como Comité Tizard, una misión científica organizada con anterioridad a la guerra, destinada a estudiar las necesidades de la guerra antiaérea en el Reino Unido.

Además, otras razones de índole política-militar hicieron que Alemania, que había empezado la guerra con un radar de prestaciones superiores al de Gran Bretaña (el Freya, que vimos en este artículo), perdiera esta carrera en el transcurso del conflicto. Al comienzo de las hostilidades, el radar era un arma de naturaleza esencialmente defensiva y el Alto Mando del ejército alemán no consideró oportuno invertir recursos en un arma defensiva, pues consideraban que la guerra duraría poco y que ellos serían los vencedores. De hecho, el Inspector General del Aire, Mariscal Erhard Milch, retrasó cualquier trabajo encaminado a desarrollar una red defensiva basada en el radar y boicoteó cualquier idea, planificación o acción encaminada a construir una red de defensa aérea extensa y adecuada. En el verano de 1938, ocurrió un pequeño incidente que es indicativo de la actitud hacia el radar en ciertos círculos de mandos de la Luftwaffe en ese momento. Cuando los técnicos de Telefunken estaban mostrando las capacidades del Würzburg al General Udet (primer responsable del arma de caza de la Luftwaffe), este se volvió hacia el director de investigación de la empresa, el Dr. Runge y le dijo: “Sabes, si introduces eso en las fuerzas armadas, entonces volar ya no será divertido”. En esa misma línea, Göring despreciaba el radar aerotransportado que llevaron los cazas nocturnos alemanes con el argumento siguiente: “Mis pilotos no necesitan un cine a bordo

Izquierda: El General Ernst Udet. Derecha: señalado con una flecha, el responsable del radar en Telefunken, el Dr. Wilhelm Runge, en una ceremonia posterior al fin de la guerra

No hay evidencia real de que la Luftwaffe hubiera estado interesada en la obtención de un radar diseñado específicamente como un dispositivo defensivo, pero una vez que el sistema estuvo disponible, adquirió unidades tanto del Freya como del Würzburg, aunque sin orientar su uso a la construcción de una red defensiva equivalente al Chain Home británico, lo cual no deja de resultar muy revelador de la cortedad de miras del Alto Mando alemán, ya que la combinación de ambos equipos tenía unas capacidades excepcionales para la época.

En otras palabras, la Luftwaffe había aceptado la responsabilidad del manejo de los equipos, pero nunca había desarrollado estrategias para emplearlos adecuadamente. Hay pruebas suficientes de que el Alto Mando alemán conocía el valor potencial del radar como dispositivo de detección de aeronaves ya en 1935. Sin embargo, veían el radar principalmente como una ayuda para la guía de armas antiaéreas y para el control de reflectores. Por estas razones, el radar se asignó inicialmente a unidades antiaéreas. El general Wolfgang Martini, jefe de señales de radio de la Luftwaffe, después de la guerra afirmó enérgicamente que se dio cuenta del valor del radar para la advertencia temprana de aeronaves y para el control de cazas, pero el alto mando no estaba convencido de sus argumentos.  El objetivo de la Luftwaffe era eliminar a los bombarderos enemigos en sus propias bases mediante campañas de bombardeo ofensivo, lo que no hacía necesario disponer de unidades de defensa aérea del territorio del Reich.

 

General Wolfang Martini. A partir de 1941 fue nombrado responsable del Alto Mando para la tecnología de radar alemana. Aunque no tenía formación académica, su comprensión de esta tecnología era intuitiva y su participación fue quizás el mayor impulso para el desarrollo del radar en Alemania 

 

Hay otro hecho que nos permite entender mejor los argumentos ofensivos como la doctrina dominante en la Alemania de los años inmediatamente anteriores al estallido de la guerra: las realidades económicas de la época, Alemania no tenía los recursos suficientes como para desarrollar una estrategia ofensiva y defensiva a la vez, ya que una detraería recursos de la otra. Además, la doctrina militar ofensiva encajaba bien con la tradición militar de Alemania de que la ofensiva es la mejor defensa. La Luftwaffe no mostró el menor interés real en desarrollar un dispositivo de radio que no fuera destinado a guiar a los bombarderos a su objetivo. Se centraron en desarrollar sistemas ofensivos y solo las naciones amenazadas, como Gran Bretaña, sintieron una necesidad imperiosa de contrarrestar la amenaza aérea con sistemas defensivos.

Buena parte de los problemas de Alemania con el desarrollo del radar se debieron a las rivalidades y competiciones absurdas entre las distintas armas del ejército: la Kriegsmarine mantuvo oculta la existencia del Seetakt a las otras ramas del ejército alemán. Cuando en julio de 1938 se realizó una demostración del sistema ante Hitler y Göring, este último se enfureció porque la Luftwaffe no había sido informada de la existencia del dispositivo. La Kriegsmarine respondió diciéndole a Göring que era un equipo naval y que ¡la Luftwaffe podría inventar su propio radar!, cosa que, en cierto sentido ya estaba ocurriendo, precisamente por parte de la misma empresa que construía en Seetakt (GEMA), con el Freya y también de Telefunken con el Würzburg.

Junto a todas estas interferencias de naturaleza política, propias del régimen nazi, una serie de decisiones técnicas erróneas socavaron los esfuerzos de progresión del radar alemán una vez empezada la guerra. Una fue el abandono de la investigación sobre el radar centrimétrico (es decir, en el espectro de las microondas) en favor de longitudes de onda más largas. Investigadores alemanes realizaron trabajos en la región del espectro electromagnético con ondas de menos de 50 cm durante la década de 1930 y comprendieron que las longitudes de onda más cortas significaban antenas más pequeñas y una mejor resolución en la definición de los objetivos, pero la escasez de mano de obra adecuadamente cualificada y la ausencia de un generador de microondas de potencia suficiente, obligó a Alemania a abandonar la investigación en este campo. En enero de 1939, se promulgó una decisión oficial para concentrarse en las longitudes de onda más largas. Tras la decisión, los alemanes se auto convencieron de que no era necesario intentar mejorar los equipos existentes. Fruto de esta política, todos los radares alemanes operativos hasta la mitad de la guerra trabajaron en longitudes de onda medias y largas (es decir, para frecuencias comprendidas entre 120 MHz y 600 MHz).

2. La guerra cambia de signo

Solo después de que la ofensiva aérea sobre Gran Bretaña fracasara durante la Batalla de Inglaterra y que la RAF comenzara con una campaña de bombardeos masivos sobre Alemania, a la que siguió otra similar por parte de los EE. UU., la Luftwaffe reconsideró su estrategia. Pero cuando el devenir de la guerra cambió de signo, ya era demasiado tarde para recuperar el terreno perdido. En noviembre de 1942, Göring nombró al científico e ingeniero de Telefunken Hans Plendl, Director Nacional de Investigación de Alta Frecuencia, para encargarse de poner en marcha un verdadero programa de radar.

 

Hans Plendl

 

El panorama que se encontró Plendl era desolador: las capacidades científico-tecnológicas de Alemania en lo que al trabajo sobre el radar se refiere eran mucho más reducidas que las de los aliados y, además, estaban dispersas entre cientos de instituciones y empresas diversas, trabajando de manera independiente, cuando no en franco enfrentamiento entre ellos. Plendl retiró de los frentes de batalla a 1.500 científicos y concentró el trabajo en unas pocas instituciones especializadas. El camino era el correcto, pero era demasiado poco y llegaba demasiado tarde.

3. A modo de conclusión

En resumen, antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial los científicos alemanes habían desarrollado de forma autónoma los diseños de radar más avanzados de la época, que disponían de elevada resolución, una construcción robusta y una versatilidad mayor que la de ninguna otra potencia antes del estallido de la guerra. También fueron los primeros en explorar las longitudes de onda centimétricas (es decir, las microondas), que resultaron ser la parte más crucial del espectro de frecuencia durante la guerra. A pesar de esto, los alemanes comenzaron la Segunda Guerra Mundial en una desventaja sustancial frente a los británicos en lo que se refiere a la doctrina del uso operativo del radar. Los dirigentes de la Luftwaffe no pudieron comprender su verdadera utilidad, dados los rápidos triunfos obtenidos en los campos de batalla de Polonia, Noruega y Europa Occidental en 1940.

En lo que al radar hace relación, los alemanes actuaron según el principio de que lo mejor únicamente puede ser lo que es suficientemente bueno. El inglés Watson-Watt, sin embargo, se conformaba con disponer del tercer mejor aparato: “Nunca se consigue el mejor dispositivo y el segundo mejor llega demasiado tarde”. Los ingleses construyeron la cadena de radares Chain Home para proteger su costa a pesar de que sólo disponían de la longitud de onda de 12 m., una situación imposible desde el punto de vista de la tecnología del radar actual. También desplegaron radares para el reconocimiento marítimo a pesar de que, según sus propios informes, el porcentaje de fallos era del 50%. A pesar de esas deficiencias, los resultados de la Batalla de Gran Bretaña y de la Batalla del Atlántico son bien conocidos.

Publicado por Ignacio Mártil de la Plaza

Soy Doctor en Física (1982) y Catedrático de Universidad (2007) en el área de Electrónica. Realizo mi actividad docente e investigadora en la Universidad Complutense de Madrid, de carácter marcadamente experimental, en el campo de la física de los semiconductores. Soy especialista en propiedades eléctricas y ópticas de estos materiales, así como en dispositivos electrónicos y opto-electrónicos basados en ellos, siendo mi principal objetivo en la actualidad el estudio de conceptos avanzados en células solares. Mi trabajo científico se concreta en los siguientes indicadores principales: soy co-autor de más de 160 artículos científicos publicados en revistas de alto impacto de ámbito internacional; he presentado más de 100 Ponencias en congresos internacionales; he participado y participo, como Investigador Principal o como miembro del equipo investigador, en 25 proyectos de investigación financiados con fondos públicos en concurrencia competitiva; he dirigido 7 Tesis Doctorales; finalmente, soy evaluador de publicaciones (“referee”) de 15 revistas científicas internacionales. Fuera del ámbito académico, tengo un blog personal de divulgación científica en el diario Público, (“Un poco de ciencia, por favor”); soy colaborador de El País, OpenMind, El Confidencial, El Periódico de la Energía, etc. En las Redes Sociales, tengo perfiles en Instagram, Twitter, YouTube y Facebook, en este último caso, con más de 775.000 seguidores.

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